FIFARMA W.A.I.T. Indicator 2026: del tiempo de espera a la oportunidad de avanzar
FIFARMA W.A.I.T. Indicator 2026: del tiempo de espera a la oportunidad de avanzar
Estimated reading time: 4 minutos
Un paciente en América Latina espera, en promedio, 5,7 años desde que un medicamento innovador se aprueba en Estados Unidos o Europa hasta que puede acceder a él en su país. Ese es el hallazgo central del FIFARMA W.A.I.T. Indicator 2026, desarrollado junto a IQVIA sobre 447 moléculas innovadoras aprobadas entre 2014 y 2025 en diez países que concentran más del 80% de la población de la región.
Medir la distancia entre la innovación y el paciente
Medir esa distancia es el primer paso para acortarla. La espera se divide en dos tramos: 36 meses (3 años) hasta la aprobación regulatoria local (incluyendo tiempos de sometimiento) y 32 meses adicionales (2,7 años) hasta que el tratamiento esté efectivamente disponible. En total, 68 meses en los que la innovación existe, está aprobada en el mundo, pero todavía no llega a quien la necesita.
La brecha va en aumento: el promedio regional pasó de 4,5 años en 2023 a 4,8 en 2024, 5,6 en 2025 y 5,7 en 2026. Lo relevante es dónde se desplazó el cuello de botella: mientras los plazos regulatorios llegaron a mejorar en algunos casos un 5%, los retrasos posteriores a la aprobación crecieron un 10%. Hoy, la gran oportunidad está en transitar hacia soluciones más sostenibles y basadas en el valor, que faciliten la llegada de los nuevos tratamientos a quienes los esperan.
Cuánto tarda el acceso a las terapias innovadoras en cada país
Cada país tiene su propio punto de partida, y también oportunidades concretas para avanzar hacia un acceso más oportuno:
| País | Tiempo de acceso | País | Tiempo de acceso |
| Argentina | 5,3 años | Ecuador | 5,8 años |
| Brasil | 5,5 años | Rep. Dominicana | 5,9 años |
| Perú | 5,5 años | Chile | 7,1 años |
| Colombia | 5,7 años | Costa Rica | 7,3 años |
| México | 5,8 años | Panamá | 7,6 años |
Argentina lidera con el menor tiempo de espera; Brasil registra la aprobación regulatoria más rápida de los diez mercados; Perú es el país que llega más rápido al paciente una vez aprobado el tratamiento; y México alcanza el mayor nivel de disponibilidad total de la región.
El camino de la aprobación al acceso:
Sólo el 60% de las moléculas analizadas llegan a la región. Sin embargo, la aprobación regulatoria es solo una parte del camino: apenas el 34% alcanza disponibilidad total con reembolso amplio. El resto se distribuye entre disponibilidad limitada (21%), acceso únicamente en el mercado privado (27%) y moléculas aprobadas que aún no están disponibles (18%). Estas diferencias muestran una oportunidad clave para la región: avanzar hacia mecanismos que permitan que la aprobación se traduzca más rápidamente en acceso efectivo para los pacientes, independientemente del sistema de salud al que pertenezcan.
Las brechas también varían según el área terapéutica. Oncología presenta los mayores niveles de acceso, aunque solo el 27% de sus moléculas alcanza disponibilidad total y un 18% está disponible únicamente a través de canales privados. En contraste, las terapias para el sistema nervioso central registran apenas un 14% de disponibilidad total.
La salud no es un gasto: es una inversión
El estudio es claro en su diagnóstico: la brecha no se debe a la falta de innovación, sino a la diferencia entre el ritmo al que esta avanza y la capacidad de los sistemas de salud para incorporarla. El gasto público en salud de la región promedia el 4,4% del PIB, por debajo del 6% recomendado por la OMS y del 6,5% de la OCDE. En terapias innovadoras la distancia se duplica: 0,19% del PIB frente al 0,44% de los países de la OCDE.
“La salud no es una prioridad; se considera más bien una carga o un gasto, en lugar de lo que debería ser: una inversión.”
— Exministro de Salud, entrevistado para el FIFARMA W.A.I.T. Indicator 2026
Una inversión insuficiente en salud no solo limita el acceso a nuevas terapias; también reduce la capacidad de los sistemas para evaluarlas e incorporarlas de manera eficiente. Esto puede generar procesos más fragmentados, mayores demoras y vías de acceso menos predecibles, como la judicialización.
El desafío será aún mayor en los próximos años. Con el envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades crónicas, se proyecta que el gasto en salud de la región pase del 7,4% del PIB actual a cerca del 9,3% en 2050. Invertir mejor hoy es también preparar los sistemas de salud para responder de manera más sostenible a las necesidades del futuro.
El camino para avanzar: colaboración, tecnología y planificación
La región ya cuenta con avances sobre los cuales construir. Seis agencias regulatorias latinoamericanas —COFEPRIS, ANVISA, INVIMA, ISPCH, ARCSA y ANMAT— ya son reconocidas por la OPS como Autoridades Nacionales Regionales de Referencia, fortaleciendo las condiciones para impulsar mecanismos de reliance y avanzar hacia procesos de aprobación más ágiles y predecibles. A partir de estos avances, el informe propone tres oportunidades para acelerar el acceso: fortalecer la colaboración entre países e instituciones, integración de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial en los procesos regulatorios y de evaluación, y anticipar las necesidades de los sistemas de salud para priorizar las terapias de mayor impacto.
“Educar y facilitar el acceso a la información nos permite identificar dónde están los principales cuellos de botella. Reconocerlos es el primer paso para trabajar juntos y seguir avanzando hacia sistemas de salud con mayor acceso y mejores resultados.”
— Vitor Nasciben, Co-chair del grupo de acceso de FIFARMA
“La oportunidad está en socializar y hacer más visibles las rutas de atención, para que cada paciente sepa cómo llegar oportunamente al tratamiento que necesita, especialmente cuando el tiempo es determinante como en oncología.”
— Alejandra Toro, Fundadora de la Corporación Luz Rosa
Detrás de cada mes de espera hay pacientes que necesitan respuesta. Reducir los 5,7 años que hoy separan la innovación de quienes la necesitan requiere convertir la evidencia en acción, fortalecer los sistemas de salud y avanzar hacia decisiones que permitan un acceso más oportuno y sostenible.